Punto de vista de Ariadna
Me senté en la cocina mientras Raúl rebuscaba en la despensa, preparando algo que sabía que iba a darme ganas de vomitar. Solo el olor de los ingredientes que estaba sacando me hacía casi vomitar. Me sentía mareada y apoyé la cabeza en la fría mesa. Raúl se acercó.
—¿Qué pasa?
No respondí, negándome a darle cualquier excusa para enviarme de vuelta a la celda. La soledad y el silencio allá abajo eran suficientes para volver loca a una persona. También tenía miedo de que, si volvía allá, me quedara dormida. ¿Qué pasaría si me quedaba dormida todo el tiempo, hasta que este embarazo se...