Punto de vista de Ariadna
Girando en un ángulo para tener una vista clara de ambos extremos del vagón y de los que bloqueaban las salidas, empujé a Lilia hacia el asiento, sin apartar la vista de Zacarías ni del Alfa Raúl. —Lilia, cierra los ojos, por favor, y cubre tus oídos —le dije sin mirarla siquiera. No podía darme el lujo de apartar los ojos de ellos. Sabía que estaban esperando a que les diera la espalda. El Alfa Raúl cruzó los brazos sobre el pecho, haciéndolo parecer aún más grande, si eso fuera posible. Tal vez no gane ni esté entrenada como ellos, pero maldita sea, no voy...