Punto de vista de Ariadna
De regreso a la casa de la manada, Raúl no dijo mucho. Parecía estar pensando en lo que le había dicho. Después de unos diez minutos, finalmente habló.
—¿Sabes por qué odio a los Híbridos?
Negué con la cabeza y lo miré. Raúl estaba mirando por la ventana.
—No, no lo sé —respondí.
Raúl permaneció en silencio unos momentos, antes de hablar de nuevo.
—No era hijo único. Tenía un hermano mayor: se llamaba Alejandro. Era cuatro años mayor que yo y estaba destinado a tomar el control de la manada cuando mi padre muriera. Pero nunca tuvo la oportunidad. Cuando yo tenía catorce años,...