Punto de vista de Ariadna
Observaba, y pensaba que tal vez lo que sea que le hayan dado no había funcionado. Oraba a la Diosa Luna para que lo que le habían inyectado hubiera sido un fracaso. Solo cuando escuché su grito, sentí mi sangre helarse, más fría que el hielo. Podía sentir cómo la sangre se me iba de la cara y la bilis subía por mi garganta. Y por si eso no fuera suficiente, la trajeron en una camilla para que pudiéramos escuchar sus gritos de agonía. Me miró, aterrada, el miedo irradiando de cada poro de su cuerpo, llenando la habitación con su aroma. Se retorcía de...