—¿Por qué no me dejas verla? —grita ella, arrancándose el cabello y arañándose la cara. Intento sujetarla para detenerla, pero está extremadamente fuerte y agitada.
—Está muerta —le digo mientras ella se zafa de mi agarre.
—No, mi loba... ella me prometió que estaba viva, la olí, tenían su ropa —responde, casi en un estado de delirio.
Sacudo la cabeza, recogiendo el archivo y señalando su certificado de defunción.
—Está muerta, Reika. Murió justo antes de que te liberaran —le digo, señalando la página. Ella lo observa y niega con la cabeza.
—No puedo leer esto, sabes que no sé leer, estás mintiendo —dice, arrojando el papel y volviendo al...