Me sobresalté en mi asiento, casi estrellándome contra el tablero. La mano de Damián salió disparada antes de que mi cabeza pudiera chocar con él, empujándome hacia atrás con fuerza, tirándome contra el asiento. El aire me fue arrancado de los pulmones.
—¿Qué demonios te pasa? Ya conseguiste lo que querías. Estoy en el coche, ahora déjame en paz—, iba a decir más, pero la mirada en su rostro habría hecho temblar al mismo ángel de la muerte. Me retorcí en mi asiento bajo su mirada intensa.
Desabrochó mi cinturón de seguridad. El pánico se apoderó de mí cuando me arrancó del asiento y me tiró sobre su regazo, torpemente....