—¿Puedo salir? —le pregunto, necesitando salir de este espacio tan confinado.
—Sí, la ropa está en el vestidor, en la bolsa azul —responde, girándose para mirarme. Salgo corriendo de la habitación, la toalla apretada alrededor de mi cuerpo mientras entro en el vestidor. Busco la bolsa, pero no la encuentro cuando escucho el agua cerrarse. Ryker entra detrás de mí, alcanza por encima de mi cabeza y me pasa la bolsa.
La tomo y regreso al dormitorio, comenzando a hurgar en ella. Casi suelto un gemido cuando me doy cuenta de que son los mismos pantalones incómodos que me prestó Lana, los ajustados y molestos. Me siento en la cama...