—Aún no, lo haré cuando coma y se duche —responde Ryker.
—¿Dame más, qué? —pregunto nerviosa. ¿Se refería a lo que hizo que mi loba me dejara?
Ryker no responde, pero Tyson sale y regresa unos minutos después con un bolso negro. Lo pone sobre el banco y lo despliega, y veo agujas y algunos frascos.
—¿Dije que aún no? —le dice Ryker a Tyson. Toma el bolso, lo pliega nuevamente y lo coloca en la nevera. Pero vi lo suficiente; iban a drogarme. Me levanto rápidamente de mi asiento, mirando hacia la puerta, y Tyson extiende las manos como si tratara de acorralarme.
—Tyson, déjala. La estás asustando y...