El resto del trayecto a casa fue en silencio. En cuanto el coche se detuvo, corrí directo hacia la casa, subiendo las escaleras a toda prisa. La voz de mi madre llegó hasta mí mientras subía.
—¿Lina, eres tú?
—Sí, voy a mi cuarto —grité sin ni siquiera frenar. Los escuché entrar, oí la puerta principal cerrándose, pero rápidamente me apresuré a mi cuarto, cerré la puerta y la aseguré con llave. Unos segundos después, escuché un golpe en la puerta.
—Sabes que no puedes evitarnos para siempre —dijo la voz áspera de Draco desde el otro lado. Podría intentarlo, pensé. Escuché sus pasos alejarse y suspiré, solo para escuchar...