—Vamos, Alfa, ya estamos en casa —dice él, y me estiro levantando la cabeza de la ventana. Vi que era temprano por la tarde, no podía creer que hubiéramos estado fuera dos días. Se suponía que solo íbamos a ir y volver. No esperaba que encontráramos tanto, y ahora estaba agotada. Solo quería ir a la cama, acurrucarme y dormir, olvidando lo que vi en los DVDs.
Al salir del coche, veo que la puerta de entrada está abierta y Lilia sale corriendo hacia Damián, lanzándose a sus brazos. Él se ríe de sus acciones, lo que me recuerda que tengo que decirle que vi a su madre en algunos...