—Es como ella —exclamo, asombrado, cuando veo el muñón quemado empezar a moverse, la piel retorciéndose mientras su pie comienza a regenerarse frente a nosotros. Él se ríe al mirarnos antes de sacudir el pie y mover los dedos, levantándose con total naturalidad.
—¿Cómo es eso posible? —gime mi padre.
—ADN de lagarto y estrella de mar. Es increíble lo que hemos logrado, el cruce de células y ADN —se ríe él. Camina alrededor de la mesa y Reika lo sigue, dando vueltas alrededor de la mesa, manteniendo los ojos fijos en él.
—Deberías estar agradeciéndome, 46. No existirías si no fuera por mí. Te creé, te hice brillante. Te...