Punto de vista de Lina
Una semana después
Mateo y yo no habíamos tenido noticias de Draco en toda una semana. Su teléfono ni siquiera sonaba, simplemente iba directo al buzón de voz. Mateo no me hablaba y no había escuchado nada de nadie, ni una sola palabra. La casa se estaba volviendo solitaria. Mateo siempre se iba antes de que yo me despertara por la mañana y siempre regresaba después de que me iba a la cama. Era como vivir con un compañero de cuarto al que nunca ves porque ambos tienen turnos opuestos. En el séptimo día, la depresión volvió a golpearme con toda su fuerza, así que...