No dormí nada, aunque Reika se quedó dormida en la cama después de la tercera ronda, y mi despertador sonó en cuanto logré cerrar los ojos.
Bajando las escaleras, Zacarías entró justo antes de cerrar la puerta. Iba a pasar de largo, pero me vio bajando hacia él.
Intentó hablar, pero le levanté la mano.
—Café primero, necesito cafeína y mucha de ella —le dije, y él cerró la boca siguiéndome a la cocina.
—Pareces una porquería —comentó mientras yo bostezaba.
—No he dormido —le respondí.
—Hueles a tu compañera —dijo entre risas.
—Tampoco me he duchado —le dije.
—Lo noto —contestó, asintiendo cuando le levanté el café.
Comencé a...