Punto de vista de 46
Un maldito árbol, la bestia a la que se supone que debo llamar compañero, me ató a un árbol como si fuera una perra callejera. Me transformo, dejando que mi lobo tome el control. Prefiero esta forma, la otra se siente tan desnuda e inestable.
—¿Podemos romperlo otra vez?—le pregunto, mientras ella lucha por zafarse de nuevo.
—Está muy apretado—gruñe de vuelta, forzándonos a volver a transformarnos.
—¿Qué haces? ¿Por qué estás rendida? Necesitamos salir de esto para poder ir a casa—le digo.
—Estoy cansada, tú encárgate de este asunto de los compañeros. No quiero que muera, necesitas encontrar una forma de escapar de él,...