Punto de vista de Lilia
Selena aceleró, y antes de escucharla alejarse, ya oímos el rugido del motor de su coche, arrancando a toda velocidad hacia el pueblo.
—Más te vale no dejarlo ganar, Selena —le advierto, y ella arranca. Al llegar a las casas, me sorprende lo ágil y rápida que es, su cuerpo se mueve con una ligereza impresionante. Corre como si fuera fácil, saltando vallas, girando sin perder el ritmo. Pensé que podría perder el control, pero ni una sola vez tropezó ni cometió un error. ¡Y vaya que es rápida! Cuando llegamos al centro del pueblo, aún podía oír el coche de Damián a lo lejos,...