Punto de vista de Ariadna
El golpe en la puerta nos alertó de que alguien estaba afuera de la oficina. Logré ponerme la ropa con una rapidez que habría avergonzado a The Flash. Podía escuchar a Raúl reírse ante mi vergüenza. Cualquier hombre lobo que entrara podría oler fácilmente lo que habíamos estado haciendo. Mi aspecto despeinado solo lo confirmaría. Traté de alisar mi cabello y de acomodarme la ropa. Raúl, por su parte, se abotonaba lentamente los pantalones, sin parecer estar en lo más mínimo afectado. Solté un gruñido de molestia ante su ritmo tan relajado.
Sin previo aviso, Zacarías entró de golpe, observando la habitación con una sonrisa...