—Tenemos que salir de aquí —me dice mi loba.
—¿Y a dónde vamos? —le pregunto.
—A casa, si no lo hacemos estarán enojados, podrían hacerle daño.
—Eso si es que realmente la tienen —le digo a mi loba, pero ella niega con la cabeza.
La puerta se abre y Tyson entra, entregándome unos pantalones cortos y una camiseta que olían a mi mate. Los tomo, poniéndome la camiseta rápidamente y quitándome los pantalones, pues el material estaba demasiado apretado y sentía que mi trasero se salía. Tyson niega con la cabeza antes de ir al cajón y sacar un par de pantalones cortos con cordón. Me los pongo y en...