Sentía frustración por lo que había sucedido, en eso golpean la puerta.
— ¿Quieres que te acompañe?
Era Azucena, quien había traído consigo un consolador, me había prometido que no ocuparía nuevamente eso, pero en ese momento necesitaba sentirlo, sin pensarlo dos veces la jale hacia mi, le quite la ropa lo más rápido que pude y me lance hacia sus pechos.
—Si que te ha dejado caliente.
—Si no quieres que me detenga, cállate y disfruta conmigo.
Ella se lanzó a besarme y nuestras manos no paraban de recorrer cada parte de nuestros cuerpos, se lanzó a comerme los pechos, lo hacía de una forma tierna, pero a la...