— ¿Te gustan? — Pregunté.
—Son preciosos, los míos no por cerca se parecen.
—Pues hay que averiguar si lo que me dice es cierto, claro si tú quieres.
—Quien ha dicho que no.
— ¿Que pasa si viene alguien?
—El hotel está cerrado y mi madre no vendrá hasta la tarde.
Cuando dijo eso, la tome de la mano y la llevé a la cama, la acosté y empecé a desabrochar cada botón de su camisa, el brazzier que ocupa es bastante acolchonado pero se separe de adelante, los desabrochó y debajo de ellos se asoman dos pequeños pechos, es cierto no eran tan grande pero se miraban apetecible,...