La omega no era la única con trucos bajo la manga, Rangel tiró un golpe rápido para que la rubia soltara el arma y pudiera abrazarla con fuerza por la espalda. Camila trató de zafarse, era difícil. El alfa seguía siendo el más fuerte de los dos, cayó con ella sobre la cama, no le importó que sus cuerpos se rozaran con tanta osadía, quería saber que estaba pasado en ese momento y por qué estaba tratando de matarlo sin razón aparente. Sabía que lo odiaba pero eso era llegar a los extremos.
—¡Suéltame! —exigió la rubia.
—¿Quién carajo eres y qué hiciste con mi esposa? —No lo dijo irónico....