—¡No teníamos elección, Clara! ¡Ciro amenazó con matarte a ti y a tu hermano! ¡Era la única forma!— mi madre llora y grita nuevamente, yo sigo sacudiendo la cabeza.
—¿Y ahora dónde está Ciro? Apuesto a que él te metió en esto, ¿verdad? Ya no soy una niña que puedes manipular, he crecido y puedo ver perfectamente lo que estás haciendo— digo tranquilamente. Es sorprendente cómo he mantenido la calma durante toda esta situación y no he estallado en llanto.
—Ciro no sabe que estamos aquí, ni siquiera sabe que te escribimos una carta, por favor, Clara, somos tus padres y sí, sabemos que metimos la pata, ¿acaso no crees...