Olalla observó cómo Lionel entrecerraba los ojos, de una forma que le recordaba completamente a Seve. No pudo evitar suspirar, pero eso también interrumpió los pensamientos de Lionel.
—¿Señora Sepeda?
—Tu mamá ya está bien. No te preocupes. Voy a ir a comer algo. No salgas corriendo por ahí. Me quedaré aquí esta noche para cuidar de tu mamá. Primero te voy a enviar a casa para que descanses.
¿Tienes miedo? —Olalla le masajeó la cabeza a Lionel, y su corazón se apretó al verlo tan maduro para su corta edad. Tenía tantas ideas en la cabeza, pero, al final, seguía siendo un niño. Al ver a su madre enferma,...