Las articulaciones de sus dedos se marcaron mientras le apretaba el mentón con fuerza. Sus ojos estaban llenos de borrachera y rabia.
—Nohemi, ¿te gusto tanto? ¿Hasta el punto de que usaste métodos tan despreciables para subir a mi cama, eh?— La voz de Seve era seductora, pero había un matiz de burla y odio.
El rostro de Nohemi se puso pálido mientras miraba al hombre que había amado durante más de diez años, mientras su corazón latía con dolor.
—Seve, me has malinterpretado…—
—¿Malinterpretarte? ¿Dónde está la malinterpretación?— Seve la miró con desprecio y rió profundamente. —Nohemi, ¿por qué sigues fingiendo? Solo acepta el hecho de que esto es...