-No me gusta el jengibre. No te molestes, Sr. Gonzalo. Además, eres tan noble. ¿Cómo podría tener el valor de pedirte que me cocines una sopa de jengibre? -dijo Nohemi indiferente, mostrando desinterés.
Seve se puso un poco serio.
¿No le gustaba el jengibre? ¡A su esposa tampoco le gustaba el jengibre! De repente, se sintió un poco feliz.
-No pasa nada. Si no te gusta el jengibre, basta con que tomes agua. -dijo él, y sin esperar a que Nohemi estuviera de acuerdo o no, se dirigió directamente a la cocina, tomó el jengibre y comenzó a cortarlo en rodajas.
Nohemi se quedó congelada.
¿Por qué este Seve seguía...