El cielo era gris. Si Gabriel subía la mirada, lograba ver los nubarrones que acaparaban todo el cielo y si miraba al frente, podía ver que Evelyn estaba rodeada de muchas personas, pero se sentía sola, se sentía vacía: el cielo gris reflejaba la gran tristeza que abundaba en Evelyn.
Los trajes negros, sin vida, eran igual como la mujer que acababan de enterrar.
—Pobre niña, vio morir a su madre —escuchó que dijo una mujer.
—Dicen que fue una muerte terrible, que ella se ahogó en frente de todos, porque su hija no la dejó ir al hospital por un berrinche —dijo otra mujer—. Es tan malcriada que mató...