A Violet siempre le han parecido graciosas las casualidades. Aunque, hubo una que le pareció dolorosa.
Esa tarde, Violet pudo escuchar parte de la conversación entre Gabriel y Gael. Específicamente, la parte donde Gael le respondió a Gabriel…
—¿Entonces intentas hacer una obra de caridad con Violet?
—Ay, no, lo haces sonar feo. Solo quiero ayudarla —respondió—. Me parece que necesita adaptarse. Algo me dice que yo soy el único amigo que tiene en la universidad y mira que tú me lo acabas de confirmar: ella no habla con nadie. A ese ritmo va a dejar la universidad. Por eso te digo, me recuerda mucho a mi hermanita, ¿te acuerdas que ella lloraba porque no le gustaba ir al colegio?
Le enojó que se expresara sobre ella de aquella forma, como si fuera una pobre necesitada. ¿Solo le hablaba por lástima?
No soportó más y se alejó corriendo.
En un principio, le pareció que era así, antes de que su amiga y prima le insistieran que se trataba de algo más. No debió ilusionarse, tampoco el haber tomado la decisión de ser fuerte y segura de sí misma, solo para regresar a hablar con Gael y decirle lo que sentía.
Si veía el punto bueno, no fue rechazada por él y sin tener que preguntarle, supo cuáles eran sus verdaderas intenciones con ella.
No sería la obra de caridad de nadie. Estaba segura de ello.
Lo menos que deseaba era llorar por haber escuchado aquella conversación. No quería darse autocompasión y mucho menos que alguien supiera lo sucedido.
Estuvo varios minutos dando vueltas por el campus y al final terminó en el dormitorio de su hermano. Pero como era costumbre, no estaba allí, así que se agachó cerca de la puerta para esperarlo.
Si tenía suerte, podría quedarse a dormir allí. Por lo general, su compañero casi nunca dormía en el dormitorio, así que varias veces Violet se quedó a dormir con él.
Le timbró varias veces, pero no le contestó, así que, después de dos horas esperándolo, decidió volver a su habitación.
Esa noche se sentía increíblemente sola y pensaba que, así como llegó al mundo, debía permanecer: sola.
Al salir del edificio, se encontró con Brian en la entrada.
—Violet, ¿estabas con tu hermano? —saludó el joven.
Ella sentía que, si hablaba un poco, terminaría llorando, así que sacudió la cabeza para aceptar. Sin embargo, el joven se dio cuenta que algo le sucedía.
—¿Estás bien? —preguntó.
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Era la primera vez que se encontraba sentada en una banca, conversando con Brian. Él era un amigo, era un amigo que era pareja de su mejor amiga. Gael estaba totalmente equivocado, porque sí tenía amigos y a él nunca lo consideró un amigo.
Veían a las personas pasar por el pasillo y a lo lejos se podían observar las canchas de fútbol, un poco a la derecha, estaban todas las farolas encendidas, con las personas yendo y viniendo de un lado a otro, casi todas con mochilas en sus hombros y en grupos.
Ellos eran unos de los pocos que estaban sentados en una banca sin llevar nada de afán.
La noche estaba sutilmente fría y Violet estaba cruzada de brazos, con sus cosas sobre las piernas, empezaba a tiritar un poco.
Brian se dio cuenta de esto y sacó del bolso un abrigo negro.
—Siempre lo llevo porque no soporto el frío de los salones —comentó.
Violet le agradeció y se cubrió la espalda y hombros con este, ya que tenía cierre de corredera en el frente y así lo podía usar como si fuera sábana.
Acababa de contarle todo a Brian. Estuvo a punto de llorar, pero decidió no hacerlo, se lo tragó todo. Sentía que, si lloraba, le daría el gusto a Gael.
—A veces las personas llegan a tener un concepto erróneo de lo que somos —comentó—. No podemos simplemente cambiar el lente de ellos y mostrarles el correcto. Debemos dejar que se den cuenta solos. Muchos a veces no logran hacerlo, pero… —Soltó un suspiro— así es la vida.
Brian abrazó la espalda de Violet y la atrajo un poco a él, hasta que ella dejó su cabeza recostada en su hombro.
—Seguramente es un idiota si piensa de esa forma —susurró—. Vendrán unos mucho mejores que él. Además… me tienes a mí para enseñarte razonamiento matemático y yo te puedo decir donde quedan los lugares en el campus. Lo sé, soy genial, ¿no?
Violet dejó salir una pequeña carcajada. Le agradaba que Brian fuera así de comprensivo y no demostrara tenerle algún tipo de lástima.
Por un momento, vio a lo lejos que Gabriel la observaba, estaba cambiado con el uniforme deportivo del equipo de la universidad. Por un instante sus miradas se encontraron, pero ella la apartó e hizo como si nada y desplegó una sonrisa de satisfacción al saber que uno de ellos logró encontrarla en compañía de alguien. Le encantaba la idea de que descubrieran que ella no era ninguna rara que no sabe adaptarse y que sí tenía amigos que la rodeaban.
Entonces, se dio cuenta que quería demostrar que era una chica fuerte. Dentro de ella nació ese furor que gritaba: ¡no soy una chica débil! ¡No necesito que nadie me rescate!
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Violet sabía que Brian le contaría a Teresa sobre lo ocurrido, eran novios, a fin de cuentas. Sin embargo, pareció que también le pidió que no le dijera nada a Violet, porque no le mencionó el tema.
Brian le dijo a Violet que podía estudiar con él por las tardes en la cafetería sur, que tenía varios amigos que eran mejor que él enseñando y podrían ayudarla. Así no debería volver a la biblioteca.
A la mañana siguiente, Violet había planeado toda una estrategia para rechazar a Gabriel y decirle que no le apetecía hacer el taller con él. Además, estuvo toda la noche adelantando parte del mismo taller con ayuda de Brian, además, le habían quedado algunos puntos terminados con los que había practicado con Gael.
No lo necesitaba, tampoco su estúpida inteligencia para poder ganar la materia de razonamiento matemático.
Sin embargo, cuando llegó al salón de clases y tomó lugar donde siempre lo hacía, Gabriel se sentó a su lado.
—Buenos días —saludó sonriente.
Ella lo pensó por un momento, ¿debía saludarlo?
—Buenos días —respondió con voz casi audible.
Él se acomodó con entera tranquilidad y a Violet le sorprendió la capacidad que tenía para fingir que no sucedía nada. Que nunca habló mal de ella el día anterior con su amigo y prácticamente la llamaron inadaptada social.
—¿Pasa algo? —preguntó Gabriel y parpadeó dos veces.
Quería responderle que sí, sí que pasaba algo. Que no le gustaba el hecho de que estuviera sentado a su lado, que fuera tan hipócrita y que por lo mismo nunca le agradó ni un poquito.
Se acomodó en su puesto y abrió la boca para hablar, pero la cerró de golpe cuando vio a la profesora entrar al salón de clase.
—¡Buenos días! —canturreó la mujer, entrando y dejando sus cosas sobre el escritorio.
Todos los estudiantes volvieron su mirada al frente y saludaron a la profesora.
La clase dio inicio con una breve introducción de ella comentando cómo le fue a la mayoría en el examen. Después, los entregó.
Cuando a la pareja le llegó la hoja de su examen, los dos lo observaron fijamente y Violet sintió que algo subió y bajo en su pecho.
Habían sacado la nota máxima. De cien puntos, sacó cien.
Pero ella no fue de ayuda, esa nota se la había regalado Gabriel.
—¡Mira, nos fue increíble! —exclamó Gabriel y la observó fijamente.
Ella le dio una breve pasada por el rostro del chico y se dio cuenta que sonriendo se veía muchísimo más guapo, porque sus pestañan entornaban su mirada, haciéndola más profunda. Había que aceptar que era difícil odiar a una persona que tuviera aquel físico y mucho más difícil el ignorarlo.
—Te fue bien a ti —espetó ella, pero sonó más a susurro tímido. ¡Cómo detestaba su timidez!
Pero se notó que a Gabriel esto lo descompuso un poco.
—Lo hicimos juntos —sostuvo.
—Sí, pero tú borraste mis respuestas y pusiste las tuyas. —Ahora sí se notaba un poco molesta.
—Bueno, pero es que estaban malas —alegó—. No habríamos sacado una buena nota con esas respuestas.
Gabriel se mordió la lengua al ver que Violet lo estaba observando con una mirada herida y después volvió a observar al frente.
—Sí, bueno, da igual. De todos modos, esa nota la sacaste tú, no yo —insistió la joven con cierto desdén.
—¿Entonces no haremos el taller juntos? —preguntó.
—No, lo haré sola.
—No puedes entregarlo sola. Debes tener pareja.
—Bueno, entonces buscaré a alguien con quién hacerlo.
—¿En serio estás enojada conmigo porque borré tus respuestas del examen? —Gabriel estuvo a punto de tocarle el hombro con una mano, pero se detuvo a medio acto y se resignó.
Violet no le dijo nada en absoluto y entre ellos comenzó un silencio incómodo que hizo a Gabriel observar si había otro lugar libre en el salón, sin embargo, no lo había.
Después que la profesora entregó los exámenes, procedió a desarrollar en el tablero los que la mayoría no logró hacer correctamente. Explicó varios puntos y al final pidió que se reunieran en grupos de dos para comenzar a desarrollar los talleres.
—Haremos los cinco primeros en clase para que les pueda explicar las preguntas que tengan al respecto —informó la profesora.
Todos comenzaron a agruparse, normalmente, con las parejas de al lado y con las cuales hicieron sus exámenes.
Gabriel volvió a observar a Violet.
—Todos tienen ya sus parejas —le insistió—, debemos hacer grupo, somos los únicos solos.
Ella volteó a verlo con rostro aburrido (con él comenzaba a salirle bastante bien).
—¿Realmente estás enojada conmigo por eso? Ayer parecía no importarte, en la biblioteca estabas bien conmigo. Además, cuando borré tus respuestas pudiste haberme dicho que no, las habría dejado. —Lo pensó mejor y se dio cuenta que no era verdad, las habría eliminado de todos modos—. Estuviste de acuerdo y no protestaste, ¿por qué ahora te enoja?
Entonces vio que había algo más allí que ella no estaba diciendo. Se le notaba triste por ello. Comenzó a meditar al respecto y ver qué era lo que había hecho mal.
¿O sería que se había enterado de algo?
Ahora la observaba con cierto miedo.
—Espera… ¿hablaste con Gael?
Violet lo observó fijamente y apretó su mandíbula con fuerza.
—¿Te contó lo que yo le confesé? —inquirió Gabriel—. ¿Estás enojada porque le dije que me gustabas?
Violet arrugó su entrecejo. Quedó en blanco, rebobinando lo que acababa de preguntar Gabriel.
—¿Estás enojada conmigo por eso? —volvió a preguntar—. Es cierto, me gustas, pero no veo la razón para que te comportes así conmigo por ese motivo. —Inspiró hondo y sus mejillas blancas se enrojecieron—. De hecho, es un comportamiento muy infantil.
—No he hablado con Gael —confesó Violet—. No sabía que gustaras de mí. —Ahora sonaba molesta y dolida—. ¿Por qué debes mentir? Sé que eso no es cierto. Yo los escuché a los dos hablando de mí, sobre la lástima que me tienen y que desean hacer una obra de caridad al hablarme.
Gabriel arrugó la frente y comenzó a negar con la cabeza.
—¿De dónde sacaste eso? —preguntó con una voz sumamente seria.
—Yo lo escuché. Los escuché a los dos hablando de mí.
—Entonces escuchaste mal, porque yo nunca dije que te tuviera lástima o intentara hacer una obra de caridad al hablarte —replicó—. Por favor, te acabo de decir que me gustas, ¿por qué diría algo así de la chica que me gusta?
Violet echó un poco la cabeza hacia atrás, escéptica. ¿Realmente le gustaba a Gabriel?
—Deja de mentir —pidió con voz dolida.
Gabriel se notaba sumamente confundido y algo decepcionado.
—¿Por qué te mentiría? —inquirió.
Violet vio que la joven que estaba en el puesto de al lado, ahora observaba con curiosidad la conversación, de hecho, reaccionó segundos después y volvió la mirada a su compañera y después bajó la mirada a sus apuntes.
Volvió la mirada a Gabriel y notó cómo pasaba saliva, su manzana subía y bajaba, después apretó la mandíbula y atusó su mirada en los papeles sobre al escritorio de madera. Su labio inferior comenzó a temblar y de repente la encaró, algo que llegó a sobresaltarla un poco.
—¿Solamente escuchaste esa parte de la conversación? —preguntó con ironía y el tono un poco alto.
—Baja la voz, nos comienzan a mirar.
Gabriel chasqueó la lengua y se acomodó en el puesto mientras miraba a los lados.
Violet ahora se preguntaba en qué momento terminó teniendo una conversación como esa con Gabriel.
Creyó que la conversación (o discusión o lo que estuvieran teniendo) había terminado y su corazón, aunque permanecía agitado, hizo como si estuviera tranquila y comenzó a garabatear algunos números en su libreta de apuntes cuadriculada.
Pero Gabriel la estaba observando fijamente con aquellos ojos verdosos que por momentos la hipnotizaban. Su cabello castaño oscuro se veía un poco más claro de lo normal debajo de la luz blanca del salón de clases.
¿Realmente estaba molesto por la conversación? ¿Le decía la verdad?
Gabriel estaba resultando más raro e impredecible de lo que pensaba. A ver, estaba diciendo que gustaba de ella: de la chica que la tarde anterior terminó llamando rara e inadaptada social.
—Te juro que yo no he dicho nada malo de ti —susurró Gabriel—. Si quieres, podemos hablar con Gael.
Violet abrió lo ojos en gran manera, como si acabara de ver un fantasma. ¡¿Quería que enfrentaran a Gael?! ¡¿Estaba loco?!