—Mariano, te agradezco, pero… no quiero hablar de eso —pidió.
El joven dejó salir un suspiro y se acomodó en su puesto, resignado e incómodo ante aquella petición.
.
.
.
Violet estaba tomando la costumbre esos días de sentarse cerca al lago y merendar por la tarde. Lo hacía sola, como siempre acostumbraba a estar.
A esas alturas del semestre académico, lo menos que le preocupaba era estar sola, porque ya se había resignado a que siempre estaría así. Lo doloroso era recordar que una vez estuvo sentada allí, en compañía de Gabriel y había sido increíble.
El problema de los recuerdos es que tienden a tornarse tristes con...