—Por favor, ¿puede poner a alguien más que ayude a Evelyn? —preguntó Gabriel a la profesora.
—¿Por qué? ¿Sucedió algo con ella? —inquirió la mujer con cierta preocupación.
Se escuchó que tocaron a la puerta de la oficina.
—Adelante —informó la profesora.
—Buenas tardes —se escuchó la voz de una joven.
Gabriel reconoció al momento que se trataba de Evelyn. Su suerte no podía ser peor, cuando estaba pensando en hacer espacio con ella, justo se aparecía, como si supiera lo que pretendía hacer. En la mirada de la profesora Margarita apareció un destello de preocupación que intentó disimular.
—Profesora, aquí están los trabajos —dijo Evelyn mientras se acercaba al...