Al día siguiente, apenas amaneció, Amber comenzó a recibir regalos sin tarjeta ni dedicatorias, que le hacían presumir, de parte de quien venían.
Los primeros que llegaron, fueron docenas de ramos de flores, en donde destacaba y resaltaba, las rosas rojas, en diversos tamaños. Sabrina, al recibirlos ya no sabía dónde colocarlos, por lo tanto, al levantarse, Amber le pidió llevar algunos de estos arreglos a la Iglesia.
―¡Si, madre! Me parece excelente idea. Por mí, no hay problemas. Es más ¡ojalá! Pudiéramos llevarlos todos, ahí hacen más falta que aquí en el apartamento, en donde ya no caben ―comentó ella con una hermosa sonrisa, ante tantas flores, revisando uno...