―¡Calma, hija! Tu padre no ha llegado, salió con el Presidente fuera del país y no me he podido comunicar con él. Pero, apenas llegue, ajustará cuentas con todos los que han hecho posible tu encierro.
―¡Mami, me quiero ir! No puedo estar encerrada, tú sabes que le tengo fobia a esto, por favor, ayúdame ―suplicó bajando el tono de voz.
―Ya mi amor ―respondió su madre, siendo complaciente con ella, como siempre acercándose para abrazarla.
―¿Tienes hambre? Dime ¿Qué quieres comer? Para traértelo de una vez ―preguntó su madre.
―Nada, no quiero nada, solo irme. ¡Por favor, ayúdame a salir, a escaparme de aquí! ―susurró ella, con sus ojos...