―¡No, mi amor! Hablé con Thiago ―respondió Christopher, afectado, al ver que lloraba― ¡Por Dios, no llores, mi reina! Ya debe estar por llegar, ¿Qué sientes? ―interrogó pegándola a su pecho y besándola en la cabeza.
―Ahora, tengo como un mareo. De repente, fue porque me levanté muy rápido de la cama ―anunció ella, aferrándose más a los brazos y pecho de él.
―¡Seguro, mi amor! Quédate tranquila, ya debe estar llegando, Thiago ―contestó él, mirando hacia la puerta de entrada a la habitación, por donde entraron, precisamente Sabrina acompañada de él.
―¡Vamos a ver! ¿Qué tiene la nena de la casa? ―curioseó Thiago, saludando con sus manos a Christopher...