Al llegar a la clínica entró como loco, y justo en la recepción consigo a la madre de Vanessa, quien me mira con esos ojos enormes, iguales a los de su hija.
— Señor Fuenmayor, gusto en saludarte, he venido aquí para hablar de negocios contigo, así que te agradecería que me regalara 5 minutos de tu tiempo para poder conversar.
— No creo que tengamos que ir a otro lugar, lo que tenga que decir puedes decírmelo aquí, así que la escucho.
— No voy a mentirle y a decirle que soy una blanca palomita, al principio todos soñamos con el sueño americano, pero luego un coyote se enamoró...