La miro fijamente sin saber qué decir, pero algo me decía que esto no terminaría bien.
—Te olvidaste de mí, así me pagaste mi amistad. Yo te llevé a este lugar —dice molesta. La miro seria, no quería armar un espectáculo con tonterías.
—Hola a ti también, por favor baja la voz. No quiero que nos corran. Por si no te has dado cuenta, hay muchos hombres armados y si te comportas de manera errada, no dudarán en dispararte.
Eres mi amiga, pero no te mentiré, lo dejé pasar. Casi me matan en aquel barrio. Quise cortar de raíz. Jamás pensé que me enamoraría de él.
—Eres una maldita perra...