—Por Dios, soy el dueño, ¿cómo crees que no voy a saber que él trabaja para mí? Le he dado su espacio porque considero que es mejor. Por cierto, no vivirás más en esos apartamentos de mala muerte. Te llevaré a mi casa. No quiero cantaleta ni ataques de locura. No quiero discutir hoy. Ya viste lo que puede ocurrirte.
—Puedo dormir con Jerry o buscar otro lugar. Con el sueldo que me pagas, creo poder conseguir algo decente.
—¿No escuchaste lo que te dije? No quiero discutir. Te quedarás en mi casa. Hablaremos mejor luego. Tenemos muchos puntos que aclarar.
—¿Llevas a todas tus mujeres a tu casa? No...