Sus palabras me dan órdenes, mi cuerpo responde a ellas, volteo a ver a sus amigos mientras me levanto del suelo, aún con los cabellos del hombre en mis manos.
—Espero que no vuelva a ocurrir, esta es mi mujer, y quien le toque un cabello, morirá, y si se atreven a dudarlo, pues aquí tienen prueba de ello, no estoy jugando, tómenlo como un aviso, la próxima vez ni siquiera sabrán qué fue lo que les golpeó.
Subo con ella al vehículo y le pido a Daniel arrancar, Wels se haría cargo de la situación, sé mis gustos.
Cuando estamos en marcha, ella comienza a llorar y temblar, la...