Giada se encontraba en una situación desafiante. Sus emociones se agitaban mientras intentaba mantener la calma frente a una audiencia que abarcaba todo Italia. En su interior, la rabia la consumía, pero era consciente de que no podía permitirse gritar sin pruebas sólidas que respaldaran su acusación. La sombra de la traición de su tío pesaba sobre ella, pero la falta de evidencia la dejaba en una posición delicada. Su rostro mostraba una lucha interna, mientras su mente trabajaba incansablemente para encontrar una manera de exponer la verdad sin dañar su propia reputación, no deseaba quedar como una mentirosa.
Ella, junto con su abuelo Pietro y los miembros del consejo,...