Giada se encuentra sentada en una silla de la sala de espera del hospital, con lágrimas de alegría en los ojos. Su risa es incontrolable, como si una oleada de alivio y satisfacción la inundara por completo.
Mientras tanto, en la habitación contigua, los médicos están hablando en voz baja con Nikolai, explicándole la grave noticia de que nunca recuperará su mano.
Giada no puede evitar pensar en quién pudo haber causado ese daño a su esposo, pero en ese momento, su mente está llena de gratitud hacia esa persona desconocida. Le gustaría recompensar de alguna manera a quienquiera que haya provocado esta situación, ya que le ha traído una...