En un lugar central de Italia, la totalidad de la comunidad se había congregado para presenciar la ejecución final de Nikolai. El prisionero, su rostro desfigurado por los golpes propinados por Mijaíl Chililenko, capturó la atención de todos. Con la mirada fija en cada miembro de la mafia, Nikolai se entregó al sombrío destino que lo aguardaba. La tensión en el aire era palpable mientras la escena se desarrollaba en un silencio tenso.
Los integrantes del consejo, así como los asociados de la familia Lombardi y numerosos allegados, observaban la escena con incredulidad. La mayoría dudaban de la capacidad de Giada, conscientes de la inmoralidad de matar a su propio...