—¿Humberto te ha dejado alguna vez tocar su coche?
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—¡Ay! Estos cólicos me van a matar —se quejó Dorotea, mientras yo me reía de su expresión.
De inmediato, una ola de inquietud me invadió. Durante estos últimos tres días, había empezado a entender cómo funcionaban estos "poderes de Luna". Cuanto más cercana era a una persona, más claramente podía percibir sus cambios de humor y emociones.
Estas oleadas de incomodidad siempre parecían intensificarse cuando estaba cerca de Reynaldo. Miré a mi alrededor y lo vi a él y a Humberto acercándose a nuestra mesa con una bandeja en las manos.
Habían pasado tres días desde el anuncio sorpresa, y...