Miré a Lia y luego a Doro, ambas me observaban, esperando que hablara. ¿Estaba bien admitir que tenía un poco de miedo?
—¿Qué se supone que debo saber? —me sentía como una idiota sentada allí. El día había estado lleno de intercambios extraños y realmente quería que este terminara. No tenía la más mínima idea de lo que hablaban estos tres, y por cómo me miraban, parecía que debería tener alguna pista.
Doro fue la primera en hablar después de unos incómodos minutos de silencio.
—Te dije que ella no lo sabía. No le dijimos nada y no habla con nadie más.
¿Acaso acababa de decir que era una solitaria?...