«Pues que se joda el vínculo.»
Estar envuelta en los brazos de Humberto me había traído una sensación de paz. Incluso sentí esos cosquilleos que no había sentido hacía semanas. Los famosos cosquilleos que recorrían tu cuerpo, te hacían temblar las rodillas y te daban una sobredosis de puro placer. Estar en los brazos de tu alma gemela definitivamente tenía sus beneficios.
En ese momento, todo había parecido correcto. Pero ya acostada en mi cama ese mismo día, nada había parecido tan equivocado. La dinámica de nuestra relación no era tan simple, y no creía que alguna vez lo fuera.
Sabía que el vínculo entre nosotros solo funcionaría para empujarnos...