Nos separamos, ambos sin aliento, y nos sonreímos.
Humberto tomó mi mano. —Vamos, quiero mostrarte algo.
Me guió fuera de la oficina, subiendo las escaleras, cruzando un pasillo, y deteniéndonos frente a una habitación. Lo miré, confundida sobre de qué se trataba.
Humberto se sonrojó. —Quería mostrarte mi habitación.
Sonreí. —Está bien.
Abrió las puertas y me hizo un gesto para que entrara primero. No sabía qué esperaba ver, pero definitivamente me gustó lo que vi. Su habitación estaba limpia, a diferencia de la de cualquier otro chico adolescente. Una cama tamaño king estaba en el centro.
La habitación se sentía habitada, pero carecía de un toque personal. Las paredes...