Siempre había considerado mi habitación como un refugio de algún tipo. No muchas personas habían estado dentro de ella, porque pensaba que daba una visión profunda de mi vida y mis pensamientos. Por eso, estaba nerviosa por mostrarla a Humberto. Pero en ese momento, me preocupaba más la cena y que Evira viera a Humberto que el hecho de que él viera mi habitación.
—Estás tan tensa —dijo Humberto, sacándome de mis pensamientos. Asentí y suspiré.
Se acercó a mí, tomó mis manos entre las suyas y me atrajo hacia él. Envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y me miró nervioso. Rodeé su cintura con mis brazos, contemplando su...