Había pasado una semana desde que nació Daiana, y todos ya se habían adaptado a una rutina, después del impacto y la alegría inicial.
Mamá había sufrido una pérdida de sangre muy grave durante la cesárea, así que todavía no le habían dado de alta. Papá se encargó por completo de cuidarla, quedándose con ella en el hospital, asegurándose de que tomara sus medicamentos y no nos diera un susto por algún paro o algo así. Se notaba que no estaba tranquilo ni satisfecho, incluso cuando los doctores le dijeron que ya estaba fuera de peligro hacía tres días. Ha estado muy pendiente de su pareja y no podría estar...