Humberto se movía nerviosamente de un pie a otro, sin saber qué hacer.
—Tonterías —dijo mamá, poniendo los ojos en blanco y mirando a papá, como recordándole que se comportara.
—Así que está decidido. Humberto vendrá esta noche a cenar —dijo mamá alegremente.
—Gracias por la invitación, Liliana —dijo Humberto, sonriendo tímidamente.
—Ahora, vete, de lo contrario llegarás tarde a la escuela —nos despidió mamá con un gesto.
Nos despedimos y salimos por la puerta. Tan pronto como estuvimos afuera, con mi mochila al hombro, Humberto tomó mi mano.
Esto de tomarnos de la mano se estaba convirtiendo lentamente en nuestro "código". Nunca dejaríamos pasar la oportunidad de sostenernos de...