—Lo admito, tengo un poco de miedo, pero también confío a ti.
Comienzo a reír, no puedo creer que bromee ahora, en lugar de estar más confiada, me siento nerviosa, porque pienso que podría hacer algo malo. Después de todo hace mucho que no conduzco, pero debo de confiar en mí.
Solo rio ante la ocurrencia de papá. De pronto puede ser tan bromista cuando se lo propone. No me deja de hacer reír.
—Oye, papá. Deberías de animarme, hace mucho que no lo hago. Pero dicen por ahí, que conducir no se olvida, así como no se olvida andar en bici. No es lo mismo... Pero...
—Lo sé, solo...