Ya estamos en el auto, el silencio sigue estando presente y también es motivo para que surja la incomodidad nuevamente. Me pregunto si resulta ser algo demasiado atrevido de mi parte pedirle a mi jefe que encienda la radio para poder escuchar algo, o bien yo misma podré hacerlo. No estoy seguro de nada pero tampoco me atrevo a hacer algo antes sin consultarlo, y de esa forma no quedaré como una aventada. Suficiente tengo con haber ido a su casa sin decirle. Así que prefiero preguntar.
Es eso mejor, que avanzar sin su permiso.
—¿Puedo poner algo de música? Digo, solo si eso no es una molestia. Por eso...