Adolfo
Cada una de mis palabras eran totalmente ciertas no lo decía yo, lo decía mi corazón que era el que estaba hablando con mi padre en este momento. Sé que puede desconfiar de mí hasta con los ojos cerrados, pero por lo menos que me deje defenderme de vez en cuando de todo lo malo que soy a los ojos de las demás personas.
Por fin salimos de la casa, ya quiero llegar a donde se encuentra ella para saludarla y poder platicar con a gusto sin que nadie tenga algo que opinar al respecto. Este viaje se me ha hecho eterno como nunca en la vida, las ganas...