Aracely
Cuando me entere de todo lo que había pasado prácticamente bajo mis narices, me puse de muy mal humor; hasta ahí había llegado mi lado bueno con las chicas de la universidad.
Independientemente de quien se tratara, esas acciones no estaban permitidas por nosotros; personalmente me encargaría de que esas chicas recibieran un buen escarmiento y que no fueran aceptadas en ninguna otro universidad de la ciudad. Si querían empezar la harían fuera del país o me dejaba de llamar Aracely Sanz.
Silvia y Jorge fueron de gran ayuda en todo esto, aunque tenía mis dudas en el comportamiento de este último en los últimos días. Mi tía Tamara...