Cada vez que Donna mueve sus caderas tenso el cuerpo, luego ella me pide que me acerque y eso hago, pasa sus brazos alrededor de mi cuello y la levanto un poco, pero en un movimiento rápido ella se pone encima de mí. Esto me deja sorprendido, pero no puedo evitar soltar una risa y un pequeño gemido de placer se me escapa.
—¿Tantas ganas tienes de montarme? — Río entre dientes y arqueo un poco la espalda.
Ella no me contesta, se nota bastante apenada pero todavía mueve sus caderas, de momentos me da sentones, ver sus senos rebotando se me antojan, así que me incorporo un poco y...